6 cuentos de terror y ciencia ficción escritos por mujeres
Si buscas cuentos de terror y ciencia ficción escritos por mujeres, aquí reunimos una selección de relatos publicados en Cactus Pink. Son historias de horror, posthumanismo, maternidad monstruosa, duelo, tecnología, cuerpos mutantes y futuros extraños, escritas por autoras que trabajan entre el terror, la ciencia ficción y lo fantástico.
1. Jennifer Karina Abrego Peña — La criatura
El relato parte de una maternidad monstruosa: una mujer descubre que ha dado a luz a un ser horroroso, lo lleva a casa y, pese al rechazo, termina cuidándolo mientras la presencia de la criatura crece hasta volverse una amenaza íntima y total. Es un cuento de terror corporal y psicológico que convierte la casa en espacio de asedio, y que trabaja con fuerza la relación entre maternidad, culpa, desgaste emocional y horror doméstico.
2. Isabel Tamayo — El Guagua Huáscar, En la alta montaña, Cybaby, Los nuevos juguetes
Isabel Tamayo es una de las autoras más versátiles de la revista. En El Guagua Huáscar y En la alta montaña trabaja lo femenino desde la herencia, el cuerpo, la maternidad, la abuela y el territorio: en el primero, Miriam recibe mensajes obsesivos de “mami” y entra en una zona de terror maternal y folk horror; en el segundo, María Nuna sube al Imbabura para cumplir la última voluntad de su abuela, en un relato de fantástico andino y memoria ancestral. En Cybaby y Los nuevos juguetes, en cambio, desplaza esos temas hacia la ciencia ficción escrita por mujeres: una familia cyborg marcada por el estigma reproductivo y una guardería intergaláctica donde el cuidado convive con la monstruosidad muestran su interés por la crianza, la alteridad y los cuerpos no normativos.
3. Tatiana Díaz Henao — Manu
Manu es un cuento ideal para el eje de horror escrito por mujeres con un matiz erótico y depredador. La historia comienza con la investigación de un cadáver en un motel y retrocede hacia el encuentro entre un hombre casado, agotado por su rutina, y una mujer misteriosa conocida en una app. Lo que parece una aventura secreta se convierte en una trampa donde el deseo deja de ser promesa y se vuelve amenaza. El relato trabaja muy bien la inversión del poder sexual: la figura femenina no aparece como objeto pasivo, sino como presencia enigmática, feroz y desestabilizadora.
4. Marilú Nieto — Geranios Rosados, Costumbre
Marilú Nieto conecta muy bien el terror y la ciencia ficción desde conflictos íntimos. Geranios Rosados se mueve en un registro gótico: una memoria familiar marcada por secretos, herencias, enfermedad y presagios convierte la casa en un espacio de amenaza afectiva. Costumbre, en cambio, traslada esa inquietud al futuro cercano: una conversación de pareja sobre tener hijos revela una distopía reproductiva atravesada por genética, fertilización y presión biopolítica. En ambos cuentos, lo femenino aparece ligado a la familia, la herencia y la autonomía del cuerpo, pero nunca desde el ideal romántico, sino desde la tensión entre deseo, mandato y control.
5. Cecilia Eudave — R-Evolución selenita
Dentro del posthumanismo escrito por mujeres, R-Evolución selenita ocupa un lugar central. El cuento sigue a una mujer sometida a un programa experimental de nanobiotecnología que promete curación, pero la conduce a una transformación irreversible en la que lo humano empieza a ser desplazado por una nueva forma de vida. Cecilia Eudave cruza tecnología, mutación corporal y miedo a la extinción para construir una historia inquietante sobre el cuerpo femenino como territorio de intervención, cambio y extrañamiento. Es una pieza clave para lectores interesados en ciencia ficción, horror corporal y poshumanismo.
6. Katy Vallejo — Soledad desprogramada
Soledad desprogramada amplía la búsqueda hacia una ciencia ficción más íntima y emocional. En una nave, una científica convive durante un largo confinamiento con Risk, un robot diseñado para conservar el conocimiento humano en caso de extinción. Cuando él rompe el protocolo y le declara su amor, la historia se desplaza hacia una reflexión sobre conciencia, afecto y vínculo entre humano y máquina. Lo interesante del cuento no es solo la inteligencia artificial, sino la voz femenina que interpreta esa relación desde la duda, la vulnerabilidad y la elección afectiva, sin perder el marco especulativo.
Estas autoras muestran que en Cactus Pink el terror y la ciencia ficción escritos por mujeres no forman una sola corriente, sino un campo diverso de imaginarios: maternidades monstruosas, casas embrujadas por la memoria, cuerpos transformados por la tecnología, futuros reproductivos inquietantes, vínculos afectivos con máquinas y relatos donde lo ancestral y lo no humano siguen interpelando a los personajes. Leerlas juntas permite ver cómo lo femenino no es un tema único, sino una constelación de experiencias, voces y formas de imaginación crítica.